En la conferencia, el Prof. Manuel Cruz se refirió a
cómo, durante el último siglo, la economía ha tomado el puesto de la política
como dominante de las distintas “esferas” de la sociedad. Se explicó que
anteriormente la política era la placenta de la sociedad, es decir, era en la
política donde todo cobraba sentido, desde donde se tomaban las decisiones que
influirían a todo el grupo perteneciente a la misma sociedad. El individuo
anteriormente votaba de manera consciente, pensando en el bien común y no en
las pequeñas victorias egoístas como es pagar menos impuestos, quitándole el
derecho a quienes no poseen capital a hacer uso de fondos públicos en
instituciones del Estado, sean educacionales, de salud, empleo, etc., en lugar
de elegir pagar más impuestos si ello implica mejoras para las condiciones de
vida.
El votante actual se ve de la misma forma que un
consumidor frente a los productos, no existe la fidelidad hacia la ideología,
por las cosas que ésta proponga en sus bases, sino que el individuo entrega su
voto al mejor postor, al que le ofrezca mayores beneficios en su individualidad
más que a quien busca el bien común. Cabe hacer una reflexión de por qué ocurre
esto, ¿tal vez por un desencanto hacia la posibilidad de la existencia real y
no utópica del “Bien Común”? ¿O simplemente nos hemos vuelto más egoístas por
el sistema económico en el que estamos inmersos?
La economía capitalista ha contaminado todas las
esferas de la sociedad, incluido el ámbito personal, pues ahora las relaciones interpersonales han dejado de ser
por querer relacionarse con otros como legítimos otros, como fines en sí mismos
como diría Kant; el otro ha pasado a ser un medio que puede ser utilizado en
pos de lograr un resultado particular, las relaciones interpersonales, en
general, se han reducido a la utilidad. ¿Con quién me es útil relacionarme?
¿Qué puedo sacar de esta persona? ¿Qué contactos tendrá? ¿Me ayudará a lograr
un empleo, a triunfar? Siguiendo la lógica capitalista. El otro es un medio para alcanzar el triunfo tan
ansiado y vendido en la propaganda del consumismo innecesario.
Se habla de la política como acción humana, mientras
que la economía es considerada más bien como algo impuesto, algo que no puede
ser modificado por las acciones de los individuos y requiere de una defensa,
para sobrevivir en el sistema capitalista, se debe encontrar herramientas para
sobrevivir al día a día. Siguiendo la idea del párrafo anterior, tal vez se ve
al otro ya no como un otro en el que un individuo se puede reconocer, sino como
un competidor, un ser que puede lograr lo que el individuo quiere lograr y por
ello debe ser neutralizado, como un enemigo disfrazado de aliado, en el sentido
de que para evitar las relaciones conflictivas, al otro, el competidor, se le
utiliza como medio para alcanzar ciertos fines mediante una falsa cordialidad.
La economía ha contaminado también la educación, desde
la lógica capitalista, no se ve la educación como una instancia para lograr el
íntegro desarrollo de una persona para existir de modo coherente y conjunto con
los otros, sino que se ve como la instancia para crear trabajadores, la
educación sólo tiene el objetivo de preparar al estudiante para su futuro
puesto de trabajo, y es por esto que en muchos lugares del mundo la filosofía
está pasando a segundo plano. Al capitalista no le interesa tener una población
que se cuestione por el orden, le interesa que su orden sea naturalizado, es
decir, que sea visto como algo necesario y no puede ser cambiado porque es la
única manera en la que se puede existir, y la filosofía precisamente provoca el
cuestionamiento de toda realidad exterior.
Las Humanidades han dejado de considerarse necesarias
dado que no son útiles, en el sentido de que no producen mercancía
capitalizable, a los ojos de la economía son una pérdida de tiempo ya que casi
observan las musarañas en lugar de hacer algo productivo. Lo bueno ahora es
producir, no cuestionarse por el orden en el que debemos pasar nuestra
existencia. La filosofía no tiene sitio en la producción, pues, la escuela pasa
a ser prácticamente una fábrica en la que se producen trabajadores, que no
tienen una identidad particular, sino que se les observa por su finalidad:
producir, y la filosofía no enseña a producir objetos con valor para la
economía. Lo que no es producción queda desechado de la educación.
Se pensaba que las utopías, como el comunismo utópico
de Marx habían quedado relegadas a la vida privada, a las relaciones de tú a
tú, pero como se dijo anteriormente, incluso en la vida personal ha triunfado
la economía. Lo que importa es la eficacia, pero esto no podrá seguir así por
siempre, puesto que se genera un gran vacío existencial en los individuos.
¿Cómo poder vivir tranquilo, pensar que se vive una vida plena si no hay más
que hacer que producir mercancías para que otros puedan tener cosas? ¿Pueden
sustituir las cosas materiales a un desarrollo personal concreto?
Se habla de teología económica ya que prácticamente
existe una adoración divina al dinero, al capitalismo naturalizado, se ve como
el único modo coherente de vivir, pero, ¿cómo puede el hombre quedar reducido a
la economía? Las políticas ya no piensan en las personas, piensan en la supervivencia
del Estado en el Mercado Internacional, y así es como se “educa” para que
piensen los individuos. Se requiere la toma de una perspectiva crítica frente
al fenómeno del endiosamiento del capitalismo.
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